Misiòn

Hola a todos, mi nombre es Fabrizio Bosi, uno de los fundadores y el presidente de col.can.can.

Quisiera comunicar a todos aquellos que visitan nuestra página la razón por la que existimos como Asociación cannabica.
Voy a tratar de hacer esto, confortado por la certeza íntima de que al explicar el camino intelectual y cuáles fueron las palancas que actuaron dentro de nosotros, muchos se podrán identificar con ello.

No sólo tengo confianza en esto, tengo una profunda convicción. ¿Un ejemplo? Mis mejores amigas y amigos, cuando les dije de mi visión, no sólo han declarado que comparten, sino que además manifestaron su voluntad de hacer todo lo posible para ayudarme a alcanzar en la práctica estas ideas estas esperanzas.

No creo que sea importante explicar los nombres de las personas o las situaciones que dieron origen a la asociación, es simplemente agradable tener en cuenta que el inicio de un proyecto que considero muy serio ha sido como el de muchos chistes: Hay un Español, un Italiano, un Francés y un Americano que se encuentran en… ¡Fuerteventura!
Ya no es importante de donde vengas o que idioma hables, cuando has pasado toda una vida sometido a una ley injusta, al final se sintió la necesidad de decir algo u, en nuestro caso, hacer algo, en cualquier lugar.

Tengo que dar las gracias por esto a la suerte (¿O es mejor decir Karma?) por el hecho de estar aquí. Digo esto porque, cuando he vivido en Italia, hace muchos años, el entorno político y socio-cultural, restringía la difusión y el intercambio de opiniones con respecto a la marihuana. Para los políticos de Italia, la hierba es una droga como todas las demás.
Por lo contrario, aquí en las Islas Canarias, todas ellas, se puede ver y percibir en la actitud social de una población, el escaso prejuicio con el que las personas, totalmente ajenas al uso de cualquier droga, se acercan con sincera curiosidad al mundo de la marihuana medicinal, que está aquí esencialmente representado por el asociacionismo popular.

Y aquí estamos ahora, en Fuerteventura, un grupo fuerte y motivado, enfrentándonos a un gran trabajo que por fin tenemos los medios para cumplir. Esta gran obra se puede definir en pocas palabras: educar a los interlocutores sociales a la comprensión completa de todos los aspectos para los que la marihuana puede considerarse un medicamento eficaz (ojo, no dijimos una panacea universal), o se puede considerar una compañera agradable y no perjudicial para los momentos de ocio, y durante toda la vida adulta y, porque no, la viejez.

Para qué cualquiera pueda darse cuenta de lo mucho que tenemos que recorrer, todavía, para llegar a un conocimiento normalizado de la marihuana, sólo tiene que ir a un kiosco de periódicos y desplazarse por las páginas de una cualquier revista que hable de comida natural, de salud, de los remedios naturales y de las terapias a través de la alimentación. Podríamos encontrar todo lo concerniente al repollo, al calabacín, cualquier verdura, frutas, setas, cualquier hierba silvestre, y especialmente el informe (en un idioma científico popularizado) entre el uso de estas hierbas y verduras y los trastornos y enfermedades más comunes, hasta las síntomas que se creían en el pasado ser los efectos de estas mismas plantas, y podemos leer como se han probado científicamente hoy en día estas propiedades. Hoy en día se encuentran habitualmente hasta tesis promoviendo al uso (moderado) del alcohol porque las virtudes de la vid se transmiten a sus derivados. Pero nunca encontraremos algo acerca de la marihuana.
Nunca.

No queremos que nos pinten como moralizadores sobre la cuestión de los daños que el alcohol causa en la sociedad, ni de cómo o porque el Estado permite el uso de alcohol lucrando con su comercio. El alcohol, que se considera a todos los efectos una droga, ya que puede causar una horrible adicción que causa grandes sufrimientos a las personas y enormes daños en los presupuestos de sanidad.

Tampoco queremos añadir algo al hecho de que esta droga está disponible en todas partes y a precios muy bajos y que está más que demostrado que una sola botella de whisky bebida en menos de una hora por un niño menor de 14 años puede ser dosis letal, mientras que nadie ha sido capaz de hablar de la dosis mortal para lo que se refiere a la marihuana y todos sus derivados.

Nada de esto se está haciendo ahora para la marihuana. La marihuana está confinada dentro de la revistas de sector. Obviamente, se agradece el gran aporte que dan estos medios al conocimiento global y medico en particular, sobre el argumento aún que lo que es muy importante para nuestros propósitos, es que las revistas tengan un público que no sea ya usuario. Pero nosotros, como asociación arraigada en la comunidad, tenemos la capacidad y la posibilidad de llegar a una amplia audiencia de posibles usuarios, tanto terapéuticos como lúdicos, que actualmente no son tales, probablemente porque nunca tuvieron la posibilidad de conocer o de tener acceso a la marihuana.

Probablemente quien la conozca alrededor de sus veinte años, la usaría bajo su aspecto agradable y lúdico para ser capaces de percibir en todas sus facetas el placer de la comida, del arte, de la música, del sexo. Si esto ocurriera alrededor de los cuarenta años, edad de hijos pequeños, de estrés en el trabajo, de la responsabilidad familiar, quizás la usaríamos como un antidepresivo leve, y como coadyuvante en otros pequeños placeres, aparte de comida, música y sexo.

Y si ocurriera en los cincuenta años o más de edad, probablemente al final tendríamos que combinar todos los efectos que nos puede dar la marihuana y usarla como medicamento para atenuar o eliminar los disturbios naturales que se manifiestan en la vejez, para tener un estado de ánimo más alto, no necesitar de una pastillas antidepresivas o extraños medicamentos para dormir, la usaríamos para tener un apetito constante y también fantasía suficiente como para ser capaz de continuar haciendo el amor con plenitud del placer. Pues sí. El amor.

Tratamos ahora de imaginar un ejemplo práctico: estamos delante de un médico y le estamos diciendo que por circunstancias completamente ajenas a nuestra voluntad (probablemente mi mujer me pone los cuernos, el trabajo va mal, la mala suerte me persigue, mi equipo favorito no hace que perder…) estamos totalmente deprimidos, no podemos dormir y no tenemos apetito. Bueno, en la casi totalidad de los casos, el médico nos explicará que, para nuestro problema, existen antidepresivos a usar durante el día, y otras medicaciones para hacernos dormir, y otras para despertarnos, y otras para que comamos algo y nos diría que no hay ningún problema, si lo necesitamos, tenemos recetados los medicamentos para toda la vida…

Ahora Intentamos imaginar que ese medico, en lugar que proporcionar sin más una lluvia de píldoras, sea dispuesto a comprobar nuestra respuesta personal a una cura personalizada de sólo productos de cáñamo. La medicina moderna no reconoce el cannabis como medicamento, pero la experiencia de la vida nos enseña que si puede ayudar a dormir, a tener apetito, a reír.

El día en que un medico será libre de elegir ese tipo de cura para sus pacientes, creo que nuestra misión sería entonces llevada a cabo:

todos aquellos que necesiten los efectos medicinales de la marihuana podrían acudir a médicos que recomendarían los mejores tipos de asociaciones, los mejores productos y los fabricantes más confiables. Y para los que afortunadamente no requieren el beneficio de los efectos médicos, la posibilidad de elegir líberamente entre una multitud de efectos y sabores diferentes para sus fines lúdicos.